Conversamos con Iván Hernández, , director de operaciones del Grupo Farruco, empresa familiar de referencia en el sector de las estaciones de servicio y la distribución de carburantes en la provincia de Toledo, para repasar su trayectoria de más de seis décadas, sus valores fundacionales y los retos que afrontan ante la transformación del sector.
¿Cómo nació Farruco y qué llevó a vuestra familia a emprender en el sector de los combustibles? ¿Cómo fueron aquellos primeros años?
Bueno, para contar cómo empezó todo tenemos que remontarnos a 1962, cuando mi abuelo, Gregorio Hernández Serrano, abrió su primera gasolinera aquí, en Fuensalida. Y hay una anécdota que creo que refleja muy bien la visión emprendedora que tenía mi abuelo. Cuando abrió aquella gasolinera, se decía que en Fuensalida solo había dos motos en todo el pueblo. Imagínate lo que suponía entonces apostar por un negocio de combustibles. Pero él supo ver que el mundo estaba cambiando, que los vehículos iban a formar parte de nuestro día a día, y decidió adelantarse a lo que venía.
Aquella primera gasolinera se llamaba “La Olimpiada”, en honor a su mujer, Olimpiada Martín-Caro Bautista, como agradecimiento por todo el apoyo que le había dado. Y el nombre de Farruco viene precisamente del apodo por el que conocían a mi abuelo en el pueblo. Los primeros años, como te puedes imaginar, no debieron de ser nada fáciles. Era una época muy diferente, en la que prácticamente todo estaba por hacer y en la que sacar adelante un negocio requería muchísimo sacrificio. Pero poco a poco fueron llegando más vehículos, el pueblo fue creciendo y lo que empezó siendo una pequeña estación de servicio fue haciéndose un hueco en la zona. Con el tiempo, la familia se fue involucrando cada vez más y el negocio comenzó a crecer y a expandirse a otros municipios.
Y yo creo que, si hay algo que tenemos en común todos sus hijos y nietos que seguimos hoy al frente del negocio, es la enorme admiración que sentimos por él. Para nosotros siempre ha sido un referente, no solo por lo que consiguió construir, sino por la valentía que tuvo de empezar prácticamente desde cero. Al final, somos muy conscientes de que todo lo que tenemos hoy parte de aquella decisión que tomó hace más de 60 años.
Creo que eso es precisamente lo que más nos motiva a seguir adelante: hacer crecer Farruco, cuidar lo que él construyó y, sobre todo, dejar su legado lo más alto posible. Porque, aunque hoy seamos muchos más y el negocio sea muy diferente, en el fondo seguimos trabajando por lo mismo que empezó él. Y eso es algo que tenemos muy presente todos los días.
¿Qué valores habéis heredado de quienes iniciaron el negocio y que siguen presentes en la empresa hoy en día?
Yo creo que, por encima de todo, lo que hemos heredado es la forma de entender el trabajo y la importancia de la familia. Mi abuelo siempre fue una persona muy trabajadora, con las ideas claras y que sabía que para conseguir las cosas había que esforzarse. Y creo que esa manera de pensar se la transmitió a sus hijos y, después, ellos nos la han transmitido a nosotros. Al final, nosotros hemos crecido viendo cómo nuestros padres dedicaban muchísimas horas al negocio, cómo se preocupaban por que todo saliera bien y cómo, cuando había algún problema, eran los primeros en estar ahí para solucionarlo.
Eso, aunque nadie te lo enseñe directamente, lo vas aprendiendo desde muy pequeño. También hay algo que para nosotros es fundamental, y es la cercanía. Por mucho que Farruco haya crecido, no queremos perder esa esencia de empresa familiar, de conocer a nuestra gente, de escuchar a los trabajadores y de tratar a los clientes como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Y luego está la responsabilidad. Porque cuando llevas un negocio que ha pasado por varias generaciones, sabes que no estás trabajando únicamente por ti.
Hay una historia detrás, hay muchas familias que dependen de la empresa y hay un esfuerzo de muchos años que debemos cuidar. Y también hemos aprendido que sacar adelante una empresa no consiste solo en tener buenas ideas o en decir cómo deberían hacerse las cosas. Lo verdaderamente difícil es estar ahí cada día, tomar decisiones, asumir las responsabilidades y afrontar los problemas cuando vienen. Y eso es algo que quienes estamos al frente del negocio conocemos muy bien. Yo creo que el mayor valor que nos han transmitido es precisamente ese: no dar nunca por hecho lo que tenemos.
Ser conscientes de lo que costó levantarlo, seguir trabajando con humildad y procurar que la siguiente generación reciba una empresa incluso mejor de la que recibimos nosotros. Y eso es algo que, aunque cada uno tengamos nuestra forma de ser y de trabajar, todos los que estamos al frente de Farruco compartimos.

En un sector tan competitivo como el de las gasolineras, ¿qué importancia tienen la atención personalizada, la confianza y la cercanía con los clientes?
Diría que es una de las cosas que más nos diferencian y a las que más importancia damos en Farruco. Al final, somos conscientes de que hoy en día el cliente tiene muchísimas opciones para repostar y que el precio es un factor fundamental. De hecho, nosotros trabajamos continuamente para intentar ofrecer los mejores precios de cada zona, porque sabemos que llenar el depósito supone un esfuerzo importante para muchas familias. Pero también tenemos claro que no queremos que la gente nos elija únicamente por el precio, sino por todo lo que encuentra cuando viene a una de nuestras estaciones. Detrás de cada estación hay un equipo humano que se esfuerza todos los días por ofrecer el mejor servicio posible. Tenemos trabajadores que llevan muchísimos años con nosotros, que conocen a los clientes por su nombre, que saben quién viene cada mañana a tomar un café o qué tipo de barra de pan busca llevarse cada día. Y eso, que puede parecer una tontería, para nosotros tiene muchísimo valor. Además, hay algo que nos hace especial ilusión, y es pensar que Farruco lleva más de 60 años formando parte de la vida de muchos pueblos de nuestra provincia. Hemos visto cómo han ido creciendo, cómo han cambiado sus carreteras, sus negocios y sus vecinos. Hay clientes que empezaron viniendo a nuestras estaciones hace décadas y que hoy siguen viniendo con sus hijos o incluso con sus nietos. Y creo que esa confianza que se transmite de una generación a otra es algo muy difícil de conseguir. Y por supuesto, sabemos que no somos perfectos. En el día a día pueden surgir errores o situaciones que no salen como quizás nos gustaría, pero siempre intentamos dar la cara, escuchar al cliente y buscar una solución. Porque detrás de cada estación, como decía antes, hay personas, y las personas también nos equivocamos. Lo importante es cómo respondemos cuando eso ocurre. Nosotros queremos seguir creciendo, modernizando nuestras instalaciones y ofreciendo cada vez más servicios, pero sin perder esa cercanía que nos ha acompañado desde el principio. Porque al final, la confianza de un cliente no se compra, se gana con los años y se puede perder en un momento. Y después de más de 60 años, creo que cuidar esa confianza es una de las mayores responsabilidades que tenemos.
¿Qué importancia tiene para vosotros desarrollar vuestra actividad en la provincia de Toledo y qué papel desempeña la empresa en el entorno económico y social en el que está presente?
Para nosotros, Toledo no es simplemente el lugar donde tenemos nuestras estaciones de servicio, es nuestra casa. Aquí empezó todo, aquí hemos crecido como empresa y aquí están nuestras raíces. Y hay algo de mi abuelo que creo que refleja muy bien la manera que tenía de entender los negocios. Él no se conformaba simplemente con abrir una gasolinera y esperar a que llegasen los clientes. Tenía una visión mucho más amplia. Cuando llegaba a un pueblo, intentaba impulsar también la actividad económica de los alrededores. Ayudaba a personas a poner en marcha sus propios negocios, a consolidar los que ya existían y a generar movimiento tanto en ese municipio como en los pueblos vecinos. Y es que mi abuelo tenía muy claro que su negocio no podía crecer de manera aislada. Quería que los pueblos donde estaba presente también prosperasen, que hubiese actividad, que se creasen oportunidades y que cada vez más gente tuviese motivos para quedarse, trabajar o emprender allí. Él entendía que, si a los negocios del pueblo les iba bien, al pueblo le iba bien, y si el pueblo crecía, también lo haría su gasolinera. Al final, era una manera de crecer todos juntos, de generar oportunidades y de que el beneficio no se quedase únicamente en su empresa. Yo creo que esa forma de pensar es algo que también hemos heredado. Porque Farruco lleva más de 60 años formando parte de la vida de muchos pueblos de Toledo y nos gusta pensar que, de alguna manera, también hemos contribuido a su desarrollo.
Hoy nuestras estaciones son mucho más que un lugar donde repostar. Son sitios donde la gente para a desayunar antes de trabajar, donde se encuentran vecinos, donde los profesionales hacen una parada durante su jornada o donde las familias pasan antes de salir de viaje. Y detrás de todo eso también hay puestos de trabajo, proveedores, negocios de la zona y muchas familias que dependen directa o indirectamente de nuestra actividad. Por eso intentamos que nuestras decisiones no solo sean buenas para la empresa, sino también para el entorno en el que estamos. Al final, hemos crecido y nos hemos modernizado, pero seguimos siendo una empresa de aquí, de nuestros pueblos. Y a nosotros nos hace especial ilusión poder continuar con esa filosofía que tenía mi abuelo. Porque él entendió hace muchos años algo que nosotros seguimos teniendo muy presente: para que Farruco siga creciendo, también tiene que crecer todo lo que nos rodea.
El mercado de los combustibles está viviendo grandes cambios, tanto por la evolución de los precios como por la transición hacia nuevas formas de movilidad. ¿Cómo está afrontando Farruco esta transformación?
Está claro que el sector de los combustibles está cambiando muchísimo y que nos encontramos en un momento en el que tenemos que estar más pendientes que nunca de lo que viene. Por un lado, está el tema de los precios, que es algo que nos afecta a todos. Somos conscientes de que el combustible supone un gasto importante tanto para las familias como para las empresas y, por eso, uno de nuestros principales objetivos es intentar ofrecer siempre los mejores precios sin renunciar nunca a la calidad ni al servicio que queremos dar. Y por otro lado, está todo lo relacionado con las nuevas formas de movilidad. Hace unos años prácticamente nadie hablaba del coche eléctrico y hoy ya forma parte de nuestro día a día. De hecho, nosotros ya hemos empezado a incorporar puntos de recarga eléctrica en nuestras instalaciones, como en Santa Olalla, porque entendemos que tenemos que adaptarnos a las nuevas necesidades de nuestros clientes. Pero también creo que hay que ser realistas.
Vivimos en una provincia con muchísimos pueblos, donde los coches, sobretodo los de combustión, siguen siendo fundamentales para trabajar, desplazarse o simplemente hacer vida diaria. Y donde el gasóleo, especialmente para agricultores, transportistas y empresas, sigue teniendo un papel importantísimo. Nosotros no vemos esta transformación como una amenaza, sino como una evolución natural del negocio. Al final, mi abuelo empezó vendiendo combustible en una época en la que apenas había vehículos y ahora nos toca a nosotros prepararnos para una movilidad que posiblemente será muy diferente dentro de unos años. Y precisamente por eso intentamos seguir invirtiendo, modernizando nuestras estaciones y ampliando los servicios que ofrecemos. Porque tenemos claro que el futuro de las gasolineras no pasa únicamente por vender combustible, sino por ser capaces de ofrecer al cliente todo aquello que necesita durante su viaje o en su día a día. Al final, no sabemos exactamente cómo será el sector dentro de veinte años, pero sí tenemos claro que queremos que Farruco siga estando ahí, como ha estado durante más de seis décadas.

¿Qué proyectos tenéis en marcha o qué objetivos os habéis marcado para los próximos años? ¿Contempláis nuevas inversiones, ampliaciones o servicios?
Pues mira, si algo tenemos claro es que no queremos quedarnos quietos. Farruco lleva más de 60 años creciendo y adaptándose, y nuestra intención es seguir haciéndolo durante muchos más. Nosotros siempre hemos tenido una mentalidad bastante emprendedora, algo que creo que viene directamente de mi abuelo. Nos gusta estar pendientes de las oportunidades que van surgiendo y no cerrarnos ninguna puerta. ¿Qué en un futuro podemos abrir nuevas estaciones de servicio? Por supuesto. ¿Qué podemos apostar por nuevas líneas de negocio, incluso fuera del sector de los combustibles? También.
Si algo hemos aprendido es que las empresas tienen que evolucionar y que muchas veces las oportunidades aparecen donde menos te lo esperas. Pero mientras tanto, también tenemos mucho trabajo por delante con lo que ya tenemos. Estamos apostando por modernizar nuestras estaciones, renovar los sistemas de lavado, incorporar lavanderías autoservicio, puntos de paquetería y servicios de recarga eléctrica. También estamos dando mucha importancia a nuestras tiendas, a través de alianzas con cadenas de supermercados de proximidad. Queremos que dejen de ser la típica tienda de gasolinera donde compras algo porque te pilla de paso y que se conviertan en establecimientos donde realmente merezca la pena hacer la compra, tanto por variedad como por precio. Otra de las novedades que más ilusión nos hace es el lanzamiento de nuestra nueva página web, con la que queremos dar un paso importante en la modernización de Farruco, especialmente en nuestra distribución de gasóleo a domicilio.
Vamos a incorporar una tienda online desde la que nuestros clientes podrán realizar sus pedidos directamente, de una forma mucho más cómoda y sencilla y, además, beneficiarse de descuentos adicionales exclusivos por hacerlo a través de la web. Es una manera de seguir potenciando una de nuestras principales líneas de negocio, aprovechando las nuevas tecnologías para facilitar las cosas a nuestros clientes y ofrecerles mejores precios. Al final, nuestra idea es que Farruco siga siendo una empresa dinámica, que sepa adaptarse a lo que necesita la gente y que no tenga miedo a explorar nuevos caminos. Eso sí, siempre intentando hacer las cosas con cabeza, porque detrás de cada decisión hay mucho trabajo, muchas personas y una responsabilidad importante. Y hay algo que tenemos muy presente quienes estamos hoy al frente: mi abuelo no construyó todo esto conformándose con lo que ya tenía, y nosotros tampoco queremos hacerlo. Queremos que Farruco siga creciendo, que dentro de veinte o treinta años sea una empresa todavía más fuerte y, sobre todo, que cuando llegue el momento de pasar el testigo a la siguiente generación podamos sentirnos orgullosos de lo que hemos aportado a su historia.
Después de tantos años de trabajo, ¿Qué significa Farruco para vuestra familia y qué os gustaría que representara para las próximas generaciones?
Farruco es muchísimo más que una empresa. Es nuestra historia, nuestras raíces y una parte muy importante de lo que somos como familia. Al final, hemos crecido con Farruco desde pequeños. Hemos visto a nuestros padres, tíos y abuelos dedicarle prácticamente toda su vida al negocio, hemos escuchado mil historias de cómo empezó todo y hemos vivido tanto los buenos momentos como los que no han sido tan fáciles. Y quieras que no, cuando creces así, acabas sintiendo la empresa como algo muy tuyo. Y por supuesto, todo empieza con mis abuelos, Gregorio y Olimpiada. Mi abuelo tuvo aquella visión y valentía de poner en marcha la primera gasolinera, pero mi abuela también estuvo a su lado, apoyándole desde el principio. Y creo que es bonito pensar que aquel proyecto que comenzaron juntos haya terminado convirtiéndose en lo que es hoy Farruco. Pero también sentimos una admiración enorme por nuestros padres y tíos, que son quienes han continuado haciendo crecer todo aquello. Y lo más bonito es que muchos de ellos siguen hoy al pie del cañón, dejándose la piel por la empresa, con la misma preocupación y las mismas ganas de sacarla adelante que han tenido siempre.
Para nosotros son un ejemplo, porque hemos aprendido mucho más viéndolos trabajar que de cualquier otra manera. Y claro, cuando ves todo ese esfuerzo, también entiendes la responsabilidad que tienes entre manos. Porque al final, un legado no se mantiene solo con palabras ni buenas intenciones, sino con hechos, compromiso y muchas horas de trabajo. Y eso es lo que intentamos demostrar cada día quienes seguimos al frente de Farruco. De cara al futuro, lo que más ilusión nos haría es que las próximas generaciones sintieran ese mismo orgullo. Que conozcan la historia de sus abuelos, de sus padres y de todos los que han trabajado para que Farruco llegue hasta donde está. Pero, sobre todo, que tengan ganas de seguir construyendo, de aportar sus propias ideas y de llevar la empresa todavía más lejos.
Si algún día nuestros hijos o nietos hablan de nosotros con una parte de la admiración con la que hoy hablamos de nuestros abuelos, padres y tíos, creo que podremos sentirnos muy satisfechos. Porque al final, lo bonito de una empresa familiar no es solamente lo que una generación recibe de la anterior, sino lo que es capaz de dejarle a la siguiente.
